Ninguna herramienta encajaba
Mi mujer es profesora. Con los años probó los programas habituales y ninguno cubría su día a día por completo: uno era un buen cuaderno de notas, el siguiente un calendario, el tercero un archivo de materiales. Para cubrirlo todo habría tenido que mantener tres herramientas en paralelo. A eso se sumaba una incomodidad que conocen muchos docentes: introducir los nombres, las calificaciones y las observaciones de su alumnado en una nube en la que otra persona puede leerlos.